| publicado marzo de 2006 |
Índice
Prólogo. Por M.M.
Primera parte: fronteras externas
1. Relatos de una guerra en la frontera, por dziga (indymedia estrecho)
2. Europa, Ceuta, Melilla: la perspectiva de los campos, por Raúl Sánchez
Inserto: Movimiento contra la frontera. Migraciones hacia una nueva ciudadanía, por Nicolás Sguiglia y Javier Toret.
Segunda parte: fronteras internas
1. Las fronteras intermetropolitanas: el caso de Terrassa y la intervención del colectivo intercultural, por Oscar Pretel (en diálogo con otr@s participantes del Colectivo Intercultural de Terrassa).
2. Doble mirada. Una conversación con Hanan Dalouh.
3. La potencia de la duda, por Fabien Jobard (con un prefacio de Emmanuelle Cosse).
Epílogo. Por P.C.
PRÓLOGO
El 29 de agosto llega hasta nosotros la noticia de que dos hombres han sido asesinados mientras intentaban saltar la valla que separa Melilla de territorio marroquí. Otros muchos están heridos: se han rasgado la piel en las alambradas, han recibido disparos de balas y bolas de goma, lacrimógenos, porrazos... Las imágenes de lo sucedido se cuelan en nuestro cotidiano a través de televisores y periódicos: reflejan lo ocurrido como si se tratase de una catástrofe natural. Palabras como «sucedió» y «avalancha» llenan las crónicas. También nos llegan imágenes y palabras a través de indymedia estrecho, un foro web de comunicación construido por redes sociales desde una y otra orilla del estrecho : pero éstas son muy distintas –a través de ellas no hablan los «grandes intérpretes de los hechos» sino los inmigrantes en tránsito que intentaron cruzar la valla: imágenes y palabras de dolor, rabia, dignidad, valentía, autoorganización. «Los disparos te golpean por dentro. Sientes que mueres. Morimos todas con cada zumbido» . A partir de ese día, durante los meses de septiembre y octubre, se suceden los intentos de saltar la valla, las nuevas cargas y asesinatos, las deportaciones al desierto, los gritos de rabia, las estrategias de autoorganización y resistencia por parte de los inmigrantes en tránsito, las imágenes en los medios de comunicación entre la victimización cosificadora y el fatalismo asociado a la catástrofe natural («esta tragedia es inevitable»)... también se suceden las crónicas en indymedia estrecho y las movilizaciones en distintas ciudades europeas que dicen «no en nuestro nombre». Entre otras, una «caravana europea», que lleva a 400 personas de distintas ciudades del Estado español y Europa hasta esa ciudad-frontera que es Ceuta, contra su valla de la muerte, en alianza con todos aquellos que intentaron cruzarla, en homenaje y memoria de los que no lo consiguieron.
Apenas un mes más tarde, el 27 de octubre, la muerte de dos adolescentes de una periferia parisina (Clichy-sous-Bois) a raíz de una persecución policial desata una oleada de revuelta en las periferias, que se prolonga durante 20 noches, llega a afectar varios cientos de ciudades francesas y salpica incluso las periferias de otras urbes europeas: en especial, en Bélgica y Alemania. La respuesta de la República de Chirac, Villepin y Sarkozy es de todos conocida: tolerancia cero, estado de excepción, detenciones y deportación de inmigrantes con residencia legal en Francia... Cientos de periodistas, ensayistas, analistas, políticos y colectivos militantes se lanzan a interpretar lo ocurrido. Pero esta vez apenas nos llegan las voces de los habitantes de las periferias: sólo la imagen de las llamas. Arde periferia.
Estos apuntes de contrapoder nacen en este otoño revuelto, de la inquietante resonancia entre Ceuta-Melilla y las periferias francesas. Una resonancia que no se deriva de la identidad entre sus protagonistas –los migrantes en tránsito que intentaron saltar la valla y los adolescentes de las banlieues, hijos y nietos de inmigrantes–, como espetaría un ceutí a los participantes en la «caravana europea contra la valla de la muerte»: «¡mirad lo que están haciendo los que defendéis en Francia! ¡Mirad lo que harán con nuestras ciudades si les dejamos entrar!». No, la resonancia procede de la relación de ambos acontecimientos con la institución frontera: frontera exterior europea en el primer caso, frontera intrametropolitana en el segundo. Resonancia que nos habla, pues, de la nueva naturaleza de la frontera.
La institución frontera nunca fue sólo una línea que delimitaba el punto en el que terminaba la soberanía de un país y empezaba la del otro: ligada a la historia del Estado-nación europeo, siempre fue, también, un principio ordenador del mundo, donde las fronteras imperiales eran condición de estabilidad de las fronteras nacionales intraeuropeas –sobredeterminación colonial. Con la globalización, sin embargo, la frontera sufre un proceso paradójico de vacilación y de proliferación/endurecimiento: vacila como límite de la soberanía nacional, pero se endurece y se multiplica como punto de control selectivo de la movilidad de hombres y mujeres.
Control selectivo, decimos: en efecto, no se cruza igual la frontera teniendo dinero que no teniéndolo, viniendo del Norte que del Sur, teniendo la piel blanca que negra, siendo hombre que mujer. Tampoco es indiferente el sentido en el que se cruza: no es lo mismo cruzarla del Sur hacia el Norte, que hacerlo del Norte hacia el Sur. La frontera está ahí para determinar quién pasa hacia dónde, con qué derechos y a cambio de qué. El hombre de negocios apenas la advierte: la frontera, o no existe (¿quién le pedirá la documentación por la calle?) o es un lugar de reconocimiento de su estatus, en el que apenas tendrá que asomar un par de papeles gestionados a golpe de móvil. Para otros, la frontera es el muro con el que se choca una y otra vez, un lugar en el que se habita, un espacio de guerra.
Control selectivo, entonces, que se endurece y se multiplica. Así, la institución frontera se militariza como frontera exterior europea a través de sistemas como el SIVE, penetra en países extracomunitarios a través de los acuerdos bilaterales de control de la migración, invade nuestras ciudades a través de los controles de documentación (policiales, de las agencias de viajes, de los ayuntamientos y servicios sociales, de los hospitales...), segmenta el mercado de trabajo y determina un acceso gradual y selectivo a los derechos sociales a través del sistema de permisos de trabajo y residencia... Por lo tanto, la frontera no existe sólo como check-point de control de la movilidad geográfica, sino también como sistema de esclusas que fija a determinados hombres y mujeres a determinados espacios sociales y laborales: nuevos apartheids. A la vez, en su porosidad (el control nunca puede ser total), la frontera genera a su alrededor espacios fronterizos, marcados por la violencia y la incertidumbre pero también por las estrategias de fuga y las redes transfronterizas que las hacen posibles.
La proliferación de las fronteras, la reiteración de la experiencia de la frontera, la ubicuidad de los espacios fronterizos, intensifica la producción de fronteras interiores, o más bien habría que decir: fronteras interiorizadas. Nosotros y ellos: línea de demarcación de las pertenencias. Esa línea que le permitía decir al ceutí aquél: "esos que defendéis están quemando nuestrasciudades". Esa línea que hace que se perciba al inmigrante como cuerpo fuera de lugar, amenaza extraña. Esa línea que permite construirlo en la polaridad entre la Víctima desnuda y el Enemigo abstracto. Esa línea que atraviesa el lazo social y fractura las posibilidades de lo común en las metrópolis europeas contemporáneas. Esa línea enemiga de cualquier movimiento social que aspire a transformar lo existente: mucho más problemática y viscosa que la realidad bárbara de las instituciones de frontera, aunque íntimamente conectada con ella.
Este cuaderno es una invitación a pensar sobre la frontera a partir de Ceuta-Melilla y las periferias francesas y, en particular, a pensar sobre la resonancia entre ambos acontecimientos y, así, reflexionar en concreto sobre la compleja interacción entre las distintas declinaciones de la institución frontera y su articulación en lo que podríamos llamar un "régimen de frontera": ¿cómo la gestión de las fronteras exteriores, traducida en política de control de la migración sur-norte, llega a nuestras ciudades, a través de qué instituciones? ¿Qué tipo de espacios fronterizos intrametropolitanos se crean de este modo y qué conflictos y tensiones alimentan? ¿Qué relación hay entre estos espacios fronterizos y la producción de interiorizaciones de la frontera?, en especial, ¿cómo incide esta relación en la interpretación de los conflictos urbanos y en la legitimación de la institución frontera y de la violencia que produce? Y, por último, ¿qué tienen que decirnos las prácticas y luchas que están desafiando hoy la institución frontera en sus distintas declinaciones, que imágenes de lo común prefiguran más allá de las fronteras internas, las pertenencias exclusivistas?
En todos los sentidos, éste es un cuaderno inacabado. En primer lugar, inacabado porque recoge intuiciones, apuntes y apuestas elaborados a caballo, directamente sobre el terreno, de (algunas, muchas menos de las que quisimos inicialmente) prácticas y experiencias colectivas que aspiran a agujerear las fronteras. Altos en el camino, para retomar aire, mirar el panorama y sus dilemas y perfilar las líneas de trabajo y búsqueda. Inacabado también porque pretende inscribirse en el proceso asambleario abierto en varias ciudades tras la experiencia de la caravana contra la valla de la muerte y, como tal, es parte de una conversación sobre la acción política contra las fronteras que no hace sino comenzar. Ahí queda, como una herramienta de trabajo.
Por último y sobre todo, decimos que éste es un cuaderno inacabado porque está elaborado a partir de historias que, en los meses que han transcurrido desde que empezamos a trabajar en él, no han dejado de escribirse y tampoco dejarán de hacerlo ahora, que toca cerrarlo. Mientras redacto estas líneas, llegan las imágenes de una nueva emergencia que dan cuenta del desplazamiento de la frontera exterior europea hacia África: tras el reforzamiento de las vallas de Ceuta y Melilla y la intensificación de la presencia militar en los bosques marroquíes colindantes, la ruta migratoria desde Mauritania hacia las islas Canarias se ha vuelto la única posibilidad para aquellos con menos recursos que aspiran a cruzar hacia Europa. Una ruta mucho más larga, cara y peligrosa, que se está llevando miles de vidas y a la que el gobierno español ha respondido reforzando las dotaciones de las islas Canarias (tanto desde el punto de vista militar como de atención de urgencia) e impulsando nuevos tratados bilaterales con Mauritania, que básicamente se centran en dar más dinero al gobierno mauritano para que refuerce y militarice el control de sus costas y admita "devoluciones" de aquellos inmigrantes que, sin ser originarios de Mauritania, pasaron por tierras mauritanas en su viaje migratorio. Hoy mismo llegaba una entrevista de Helena Maleno a un inmigrante senegalés, deportado a Senegal durante los acontecimientos de noviembre y ahora a punto de embarcarse en cayuco rumbo a las Canarias. Sus palabras insisten, con rabia y dignidad, en el racismo fundamental que sustenta el régimen de fronteras: «si morimos en el mar somos pobrecitos negros víctimas de las mafias y si estamos preparados y nos protegemos somos malos y mafiosos. El tema es no tratarnos nunca como iguales y seguir abriendo la brecha de la distancia entre Europa y África» . El gastado lenguaje de la igualdad adquiere nueva fuerza y significado en la boca de este hombre: igualdad desligada de la nacionalidad, como nuevo universal concreto contra las fronteras de la barbarie.
Marta Malo
Lavapiés, Madrid, abril de 2006